Notas de la Directora

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A fines de los 90 viví en el Caribe sur de Costa Rica, un lugar exuberante, que le estalla a uno en los ojos, lleno de riquezas, con gente maravillosa que usualmente no tiene un peso en la bolsa.

En noviembre pasado volví como cada año, justo antes de que empiecen las lluvias y se desborden los ríos.

El origen de “Dos Aguas” se dio así, conversando sobre nuestro querido Caribe y sus pocas opciones, resultado de una economía deprimida, que se mueve cada vez más a partir del narcotráfico.

Una realidad que está allí, cruda e imparable.

DOS AGUAS parte del deseo de un niño que quiere ser futbolista y a partir de su historia se va develando la realidad de una comunidad abatida por las pocas oportunidades.

Esta película presenta de un modo muy sutil, casi como un subtexto, la realidad de un pueblo abatido por la coyuntura política y social, que arrastra los vestigios de una sociedad racista.

En ella se refleja la gente fuerte del Caribe, que aprende temprano a sobrevivir entre las culebras y la lluvia imparable, pero que a la vez es alegre e incansable porque tienen el privilegio de vivir en uno de los lugares más hermosos.